Se acerca el día de Todos los Santos, donde se recuerda a esos seres queridos que ya no están.

Dependiendo del país, las tradiciones con respecto a esta celebración son diferentes, pero suelen tener algo en común: las flores.

Uno de los lugares más impresionantes en este aspecto es México.

Allí celebran el “Día de los muertos” que, según la Unesco, es Patrimonio Cultural Inmaterial, con una mezcla de la tradición prehispánica y la religión católica.

Esta práctica de celebración de la vida de los fallecidos, se realiza en comunidades indígenas desde hace más de 3.000 años. El culto era una forma de sentir cerca a los seres queridos que se marcharon.

Hoy en día, se visitan los cementerios, decoran las lápidas y cocinan los platos preferidos de los que ya no están.

Para esas decoraciones, se cosechan en México millones de flores de color naranja o amarillo intenso, principalmente los Tagetes o “Cempasúchil”, como allí se llaman.

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La tradición dice que se empezaron a utilizar para adornar las tumbas porque se creía que en los pétalos de la flor, podía guardarse la luz del sol y así, iluminar el camino de regreso a los muertos a la Tierra. De esta forma, se colocan en los altares y en el suelo.

Cada altar debe simbolizar los 4 elementos:

  • Agua: colocan vasijas de barro
  • Tierra: frutos obtenidos de ella
  • Fuego: velas
  • Viento: papel picado, representando diversas figuras

 

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Otro de los elementos característicos de este día y que se ha convertido en el símbolo por excelencia de esta celebración, es la calavera. En México, una versión de ésta es la Catrina, que va vestida con atuendos y colores como sátira para burlarse de la muerte.

Su creador fue José Guadalupe Posada, pero de hacerla tan popular se encargó el muralista Diego Rivera.

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